
Con este planteamiento se nos introduce en el mundo ideado por Dmitry Glukhovsky, un mundo post-apocalíptico en el que la humanidad se encuentra enterrada en vida por su propia locura. No se sabe quién golpeó primero, ni quién sobrevivió, solo existe el metro.
Esta novela nos cuenta la historia de Artyom, debe ir a la capital del metro por una promesa que realiza a Hunter, un amigo de su padre adoptivo, perteneciente a un grupo de fuerzas especiales llamados "Stalkers". En su camino descubriremos que los habitantes de el metro no están unidos, cada estación es un mundo quizás unida a unas cuantas estaciones colindantes más, con su propio gobierno e ideas políticas.

Por cierto, os aconsejo que os busquéis un plano del metro de Moscú, porque los moscovitas podrán leer este libro sin él, pero el resto de los mortales podemos llegar a marearnos con la cantidad de nombres de estaciones por las que pasa Artyom.
En definitiva, os recomiendo este libro (aunque en mi caso me gustó más el trayecto que el destino, también es cierto que no todas las historias pueden acabar con un "Fin... ¿o no?") y espero que lo disfrutéis tanto como yo lo hice.
¿Os ha gustado esta reseña? En la biblioteca podéis descubrir más libros.
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